RUSHDIE A MEDIANOCHE

¿Os acordáis de nuestro amigo el narizotas? Sí, aquel médico que se enamoró de su mujer a través de una sábana. Tiempo después tuvieron varios hijos. Mumtaz fue uno de ellos.

En aquella época los Aziz tuvieron un nuevo huésped, un joven que huía por cuestiones políticas y que nuestro nariz de pepino escondió en su sótano. Así fue como Mumtaz, una de las flores del jardín del doctor, se enamoró de su primer marido; Nadir Khan, así se llamaba y convirtió el sótano de la casa en el Taj-Majal particular de ambos.

Pero Nadir un buen día tuvo que volver a huir, liberando a su esposa de la promesa conyugal y dejándola a la deriva en un mar de incertidumbre en que lo más a mano que encontró fue el novio de su hermana mayor Alia que respondió al cortejo o más bien no se sabe quien empezó. La cosa es qué abandonando a la primera se fue con la segunda, la morena Mumtaz, aquella que no era la más hermosa pero sí la más diligente. Pronto se casaron y como conjurando la mala suerte del primer matrimonio, la esposa se cambió de nombre, a partir de lo cual solo se la llamaría Amina.

Mientras todo esto sucedía, mientras la familia del doctor pasaba por todas estas etapas, la India quería dejar de ser inglesa, los indios querían expulsar a los colonialistas que habían exprimido el zumo del país con forma de diamante. Hartos de la tortería del Imperio la India se quiere zafar de sus sanguijuelas mientras aún le quede algo de aliento y así es que después de mucha penuría, la liberación queda fijada para un día y una hora y mientras la nueva Amina llevaba un germen en su vientre que pugnaba por salir de su escondrijo a una hora semejante. El germen de la segunda oportunidad del amor y el germen de la libertad, ambos creciendo en una India abotargada…

EL MARINERO BIBLIÓFILO

Hace años, cuando yo era pequeña, mis padres solían frecuentar la compañía de un marinero retirado al qué sus amigos habían apodado “el Cipillitos”. Aquel hombre había dedicado su vida a recorrer, en grandes barcos de faena, un montón de lugares exóticos e inalcanzables para la gente de la época. Alrededor de los años 80 se había retirado a una casita de piedra en las afueras de la ciudad que, en la época, era casi más bien un pueblo. Recuerdo que la verja de entreda estaba coronada por aquella planta tan extraña que algunos han dado en llamar: “Clavos de Cristo”. La parte trasera de la vivienda disponía de un pequeño huertecito con algunos vegetales y árboles de fruta. Allí aprendí a valorar el sabor del pepino, pués era algo que mi madre no solía comprar y para mí era de lo más curioso. Al pie de un árbol, el cipillitos, tenía una mesa de piedra donde algunos mayores solían departir mientras algún niño y yo corríamos por el huerco.

El cipillitos era un hombre sencillo y bonachón que carecía de familia pero que disponía de un pequeño círculo de amigos cercanos que le acompañaban en sus plácidas tardes en el huerto o en alguna tasca cercana.

Aquel marinero despertaba en mi madre un sentimiento de ternura y jugó un papel muy importante y curioso en su vida y por ende en la mía. El Cipillitos disponía de una gran biblioteca alimentada por los libros que había ido comprando, sobre todo, en América Latina. Muchos de los ejemplares que poseía eran enclenques fajos de papel amarillento y letra como de máquina de escribir y disponía de libros que en aquellos años apenas se podían encontrar en España porque aún empezaban a editarse después de la dictadura de “ese señor”.

Mi madre, lectora compulsiva de quien heredé la bibliofagía, esa enfermedad benigna que me atenaza, se volvió loca con aquello. Le encantaba usmear entre aquellos librotes y descubrir a Victor Hugo o a Blasco Ibánez entre sus filas. El Cipi se ofreció a prestarle todos los libros que desease, pero mi madre con su buen hacer, solo aceptó los libros de uno en uno, solamente se serviría de un nuevo volumen habiendo hecho la devolución del anterior.

De este modo se entrego a la lectura voraz de un montón de obras clásicas españolas o francesas sobre todo y alguna que otra suculencia. Empezó a pasar las noches en vela saciandose con aquellos mamotretos. Había veces que cuando mi padre, sobre las 5 de la mañana, se levantaba para ir a trabajar encontraba a mi madre atricherada en el sofa con alguna de estas golosinas entre las manos. En poco tiempo se merendó las obras completas de Zola, alguna obra de Flauvert, Los Miserables de Victor Hugo y otras fruslería que no recuerdo.

Cada viernes, que era cuando solíamos ir, mi madre soltaba el lastre que el Cipi le entregara, recibía una nueva exquisited y charlaban de los avatares de la semana. Mi madre me había contado sobre una de su peculiaridas; tenía estravismo. Se ve que durante las largas travesias, el marinero leía, tumbado en el camarote y sus ojos se habían revelado de este maltrato.

Aquel Edén “bibliofílico” había amebado mi casa, se había extendedido sigilosamente desde las afueras hasta nuestro rincón de la ciudad y se había llevado la atención de mi madre consigo durante largas noches y lo que se pudiera de las tardes. Yo estaba sorprendida por la intensidad con que mi madre, durante aquella época, se entregó a la lectura. Lo recuerdo perfectamente, levantarme al baño en la noche y verla allí, absorta. Me gustaba aquello, me resultaba entrañable y me transmitía paz.

No podría precisar cuanto duró aquella época pero lo que sí sé es que al Cipillitos le llegó su hora y aquel vergel literario salió de nuestras vidas tan sigilosamente como había entrado. Nuestro coleccionista se esfumó del mundo dejando tras de sí un aroma de libros añejos y gastados, dejando en el recuerdo las letras de los grandes literatos y un esbozo infantil de un huerto con sabrosos pepinos donde un marinero enamorado de los libros reunía a sus amigos las tardes de los viernes.

ROMÁNTICO RUSHDIE

El otro día os hablaba en uno de mis posts de Hijos de la Medianoche, novela de Salman Rushdie. Empecé contándoos un poco de la vida de Aadam Aziz, abuelo de Salem Sinaí, protagonista de la obra. No sé si alguno de vosotr@s sentirá curiosidad por el rumbo de la historia de este solemne y genial narizotas que conquistó a una mujer en sus visitas de médico a través de una sábana que no permitía ver más que la parte enferma de la paciente.

Así, enamorado, dejé al abuelo en mi anterior post. Seguidamente se casó con la “infinitas veces enferma” Naseem y en la ciudad de Agra, cuna del Taj-Majal, comienzó su matrimonio a dar “frutos”: dos niños, tres niñas y todos con la herencia de ver las cosas como si estuviesen fragmentadas. (como ya su padre había visto a su madre fragmento por fragmento a través del agujero de una sábana).

A su hija predilecta la llamó Muntaz, como aquella a quien fue dedicado el Taj-Majal, símbolo supremo del amor. No era la más bella peró sí la más diligente.

Una noche Aadam debe esconder en el sótano de su casa a Nadir Khan, un hombre perseguido por motivos religiosos. La Reverenda Madre (Naseem Aziz) dice: “No baba, de ningún modo alojaré a ese comosellame bajo el mismo techo que mis jóvenes hijas solteras. ¿En que estás pensando?”.

Pero nuestro héroe de nariz de zanahoria no quiso escuchar a su esposa y precipitó al joven Nadir al sótano que había bajo sus alfombras, donde habría de vivir el tiempo suficiente para enamorar y pedir matrimonio , no a la hija más bella, pero sí a la más complaciente, la más morena, a la favorita del abuelo.

*

LOS DEFECTOS PERFECTOS

Hola navegantes!!

Tenemos un día tan pasado por agua que estoy aquí atrincherada en el ordenador y pasando de página en página muy entretenida, mirando aquí, curioseando allá y revolviendo entre el maremagnum de cosas que incluye la red.

Aprovecho también para echar un ojo a lo que han escrito mis bloguer@s favorit@s y me encuentro una entrada muy interesante sobre como el ojo humano convierte las imágenes inmóviles de las películas de cine en movimiento y enlazando la cuestión con una anécdota muy graciosa de Scotland Yard y de como quisieron atrapar a Jack el Destripador… Aquí os la dejo por si gustais.

EL SEÑOR DE LAS MOSCAS

No sé si a lguno de vosotros le había llamado la atención el título del libro de William Golding; El señor de las moscas. A mí me parece curioso y poético.

El otro día, removiendo entre los libros del Sr Gödell encontré un ejemplar de esta obra que en su contraportada explicaba a qué alude el título.

Resulta que Belcebú es la traducción de una palabra hebrea; Baal Zebub, que si bien fue adaptada como Belcebú, literalmente significa “señor de las moscas”. Esto, que es claramente una alusión a que este dios reina sobre la podredumbre y la inmoralidad, podría también referirse a otro hecho.

Los primeros adoradores de Baal le ofrecían carne cruda en sus templos por lo que estos estaban infestados de moscas. Se especula también con otra versión. Según la Wiki podría venir de una de esas típicas deformaciones que van sucediendo a lo largo del tiempo con las palabras. Ponderan que podría venir de un cambio en la palabra Tsebal; “abismo” , por la palabras tsebub; “mosca”. Haciendo que el concepto cambiase de “Señor de los abismos” a “Señor de las moscas”.

Bueno, sea como sea, podreis adivinar que tras encontrar el libro me enganché a él como una posesa… ya sabéis lo de mi bibliofagia….jeje así que os contaré…. besitos

EL DIVINO PITÁGORAS

Algunos biógrafos de Pitágoras pintaron a este filósofo como a una especie de dios, ser marcado por Apolo y Dionisos, capaz de estar en 2 lugares a la vez, de curar con la palabra o de conocer el futuro. Decían que estaba provisto de un muslo de oro, que se desplazaba por los aires o incluso que su alma podía salir de su cuerpo y volviendo a este o a otro, contar lo visto. Sus palabras fueron repetidas por sus seguidores a modo de mágicos mantras con poder sobrenatural y sus adeptos no fueron pocos.

Es hombre divino se conviertió en una leyenda que prodigaba sus enseñanzas por el mundo algunas tan extrañas como: “no acercarse a las habas”.

Muchos han insinuado su fuerte influencia sobre Platón que podría haber inspirado su teoría de las ideas. Recordemos que El Divino hablaba de alma inmortal que recuerda cosas de sus vidas anteriores, y Platón de forma análoga afirma que el alma existe, antes que en el cuerpo del hombre, en el mundo de las ideas, donde observa las ideas de las cosas y que una vez en el mundo, al ver las cosas, recordaba las ideas.

Si quereis saber más os dejo la entrevista de la extraje agunos de estos datos. MUAK!!!!

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