LA CASUALIDAD

Tenía que pasar la noche en casa de mi abuela, ya era bastante mayor y no se podía quedar sola. Me dieron las 12h y no tenía sueño. Empecé a repasar las estanterías de libros de mi tía en busca de “algo que llevarme a la boca” (ya sabéis, mi bibliofagia). Devoraba con los ojos los cantos de los libros que me informaban de los tesoros que albergaban: Borges, Valle-Inclán, Cervantes, Garcilaso, Carpentier, Virginia Woolf…

De repente vi sobre la mesa un ejemplar muy llamativo. Era un libro de bolsillo, como me gustan a mí, con las tapas blanditas, humm…

Ni gordo, ni grueso. De editorial  muy fiable (DeBolsillo Ed.). La portada: color amarillo “rechamante” y con la figura de un desnudo femenino en una especie de escorzo y en color gris que contrastaba especialmente con el este ámbar.

Lo mejor y más importante, el golpe definitivo para mi apetito: el título. Decía así: El tedio.

El autor, Alberto Moravia, era un para mí, un perfecto desconocido.

Leí la contraportada del libro y lo abrí por la primera página. Sencillo, sin pretensiones, abordaba, sin embargo, uno de los problemas fundamentales del individuo, ese sentimiento que sobreviene en algunas ocasiones para devorarlo todo y dejar sorda la superficie de todas las cosas.

¿Qué más puedo decir? Mucho más…jajaja… podría desvelaros los secretos que alberga la novela o contaros algún cotilleo del autor (me sé uno muy “sabroso” que ya os contaré). Pero prefiero dejaros que los descubráis vosotros… eso sí, si os he abierto el apetito…jajaja

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