LA JAULA DE LAS PALABRAS

Erase una vez un jardín muy lejano, en el jardín había un lago, en el lago una barca y en la barca una sabia. Tal sabia estaba recostada, con la túnica remangada y dormitaba pensando en la jaula que guardaba.

Al extremo del lago y pendiente de un árbol se hallaba la jaula. A su lado un pájaro entonaba una canción.

Un día se coló en la jaula una palabra y los humanos olvidaron la palabra. Más tarde se coló en la jaula una definición y los humanos olvidaron la definición. Un día se coló en la jaula una idea y los humanos olvidaron esa idea.

Así estaban las cosas y a los humanos ya les costaba hablar pues muchas palabras habían sucumbido al hechizo de la jaula. Los humanos llevaban ya tiempo creyendo que no se podía pensar sin lenguaje, así Heidegger había dicho “el lenguaje es la casa del ser”, así Gadamer había dicho “el ser que puede ser comprendido es lenguaje” y así otros habían ido conformando la espiral de sus ideas en torno a este tótem llamado logocentrismo.

Sin embargo ahora que faltaban tantas palabras habrían de buscar una solución. ¿Cómo podrían comunicarse? ¿Dejaría de existir el pensamiento?…

El tiempo pasaba y la jaula se iba llenando. Llegó hasta allí la definición de metafísica de Aristóteles “hay una ciencia de lo que es en tanto que algo es y de los atributos que de suyo le corresponden…”. Llegó hasta allí la idea de la dialéctica hegeliana “todo lo real es racional y todo lo racional es real…”.

Y el tiempo seguía pasando…

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