UNA REFLEXIÓN

Con respecto a la vida es difícil hacer valoraciones, es difícil decir lo que nos fue favorable o adverso, es complicado medir el alcance de las cosas.

Una vez que te has dado cuenta de que el telón aun no ha bajado y que sin este hecho nada se zanja, toda la casa está por barrer.

Solo podemos valorar aquello que se ha acabado y la vida solo se acaba con la muerte. Una vez que uno muere, sobre su vida, nada puede decir (o eso creemos).

Cada uno de los acontecimientos en que nos sumergimos, cada uno de los pensamientos que pensamos están en continua evolución y cambio. De este modo podemos entender como juzgamos algo en nuestra vida como bueno y al cabo de un tiempo juzgamos la misma cosa como mala.

Cada momento nos da una nueva perspectiva de las cosas, como si a cada instante nos asomásemos a la vida, en la misma casa pero desde diferente balcón.

Funes el memorioso, aquel “memorable” personaje de Borges, no podía entender que el perro que observábamos a las tres del mediodía era considerado el mismo que el de las tres y cuarto. Él, que tardaba un día entero en recordar un día entero, le parecía que todo era distinto a cada momento.

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