AL BUEN TIEMPO, BUENA CARA

Aquí en Vigo ha aparecido una mañana preciosa, una mañana digna de un filósofo. Son esos días en que uno se levanta, café en mano, respira el aire, mezcla de fresco y caliente, pide el periódico y se sienta a leer y a pensar. Decía Hegel que el periódico es el desayuno del filósofo.

Ya después viene todo lo demás: responsabilidades, quehaceres, deberes. Lo primero es lo primero…jajaja

Estos días he estado colgada de una novela de Pamuk: Me llamo Rojo. Me he  quedado hasta tarde leyendo, enganchada en la historia de amor y en la descripción de dibujos que ilustran los manuscritos de los que habla el libro.

La novela me ha estado despertando sensaciones curiosas, no sé muy bien cómo explicarlo. Digamos que al estar ubicada en Estambul, los personajes resultan exóticos y al entrar en su intimidad, en su piel, en los momentos más personales, me he sentido trasportada a un mundo de sensaciones que por serme ajeno me ha removido la entraña.

A cien páginas de acabarlo, ya estoy pensando en mi próxima víctima, ya sabeis, mi terrible bibliofagia…jajaja

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