LA MEDIDA DEL MUNDO

No podía dejar de contaros esta anécdota que leía el otro día en el libro de Bill Bryson que ya he nombrado anteriormente a propósito de Newton (Una breve historia de casi todo).

Guillaume Le Genil fue sin duda una persona con mala suerte. En una época en la que el mundo empezaba a hacer grandes avances científicos, una de sus inquietudes fue medir el espacio entre la tierra y el sol. Esta fue la primera investigación científica en la que hubo una verdadera cooperación internacional.

Aunque parezca extraño, un elemento vital para llevar a cabo esta tarea era medir el tránsito de Venus (el paso aparente de Venus por delante del sol) y resulta que este suceso astronómico, a la par que raro, solo puede ser observado desde lugares muy puntuales de la geografía terrestre. Así es como nos encontramos con un sinnúmero de caballeros europeos, de diferentes países y en colaboración, convertidos en aventureros y viajando por exóticos e inaccesibles lugares del globo.

Entre ellos estaba Le Genil, noble francés que se dirigió a La India (1761) desde donde iba a realizar las observaciones con un año de antelación.

No obstante, en aquella época, un viaje de ese calibre era toda una odisea y nuestro desafortunado amigo llegó tarde a su cita.

¿Qué podía hacer? Como este evento se produce en pares separados por 8 años ¿qué mejor idea que instalarse y esperar por el próximo? Vamos, lo que cualquiera de nosotros hubiésemos hecho.

No sé cómo le iría en esos años, pero una vez transcurridos y llegado el gran día, Le Genil, imaginamos que muy excitado tras tan larga espera, se dispone a cumplir su misión. Sin embargo, ya dijimos que la suerte le es esquiva (ya sabéis, como en el Carmina Burana). La mañana del segundo tránsito (4 de junio de 1769) se levantó comprobando que hacía un día excelente, pero justo cuando se iniciaba el tránsito, se deslizó delante del sol una nube que permaneció allí casi las 3 horas que dura el fenómeno.

Le Genil, admitiendo su derrota, regresó a Inglaterra once años y medio después de haber partido. Cuando llegó a su patria descubrió boquiabierto, que sus familiares, habiéndole dado por muerto, habían dilapidado su fortuna. (buffffffffffffffff)

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