SHOPENHAUER TENÍA UN PERRO…

Supongo que muchos os acordáis de aquello tan famoso de Schopenhauer de: “Si no hubiese perros no querría vivir”. Efectivamente era un gran amigo de los perros. En 1940 se hace con un caniche al que pone de nombre Atma, aludiendo al nombre que los brahmanes dan al alma del mundo.  Es verdad que nuestro filósofo (ciertamente lo he llegado a considerar como mío, vaya familiaridad) era un gran amante de las religiones orientales. Se sabe que todas las noches leía unas páginas de los Upanisads y que amenazó con poner  a su mujer de la limpieza, Margaretha Schnepp, en la calle, por desobedecer su orden de no quitar el polvo al Buda de su despacho.

En 1850 tras la muerte de Atma se compra otro caniche al que llama Butz que se convierte en su favorito. Cuando en 1851, al publicarse el “Parerga y Paralipómena”, alcanza cierta fama, a las orillas del Meno, en Frankfurt, donde él vivía, algunos habitantes se comprarán caniches para homenajear el acierto de su obra.

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