4 COSAS QUE SÉ DE DESCARTES

Descartes fue un chico flaco y delicado que pillaba toda cuanta enfermedad le pasaba cerca. Nace el 31 de marzo de 1596 en La Haye,  en una familia noble pero no longeva, sus padres mueren siendo él aun joven.

Fue amigo de una reina, Cristina de Suecia, con quien se carteó y dicen que después quedaban en vela muchas noches discutiendo “vaya usted a saber qué cosas” sobre el universo.

Su pensamiento aun rezumaba cierto escolasticismo, pero su trabajo fue de los más frescos e innovadores, históricamente, desde Aristóteles.

Utilizando el dudar como procedimiento metodológico formuló una de las frases latinas más famosas de todos los tiempos: “Cogito ergo sum”, de la que posteriormente se nutrirían historietas y chistes, fábulas o gracejos. Ahí su versatilidad.

(Recuerdo un chiste de Quesada en el que se veía una chica guapa seguida de un viejo que le decía; “Pienso, luego insisto”)

El “Pienso, luego existo (soy)” se lo acepto a Descartes, pero cómo deduce desde ahí la realidad de dios, y del mundo), uff!

Veamos, del hecho de dudar deduce la existencia del sujeto que duda, intuye así el “yo” como una existencia cuya naturaleza es pensar. Descartes asume al cogito no como algo que encierra al hombre en su interioridad, si no como principio de apertura hacia el mundo.

Para Descartes las ideas indican cualquier objeto de nuestra mente en general, para los escolásticos la idea era el arquetipo de la cosa en la mente de dios.

Bien, para nuestro René (es que se le coge cariño) hay 3 tipos de ideas, las que provienen de fuera de nuestra mente, las que construye nuestra mente y aquellas que el pensamiento posee por sí mismo, a estas últimas las llama ideas innatas. Entre estas últimas descubre la idea de infinito, que apresura a identificar con la idea de dios (no es que sea un salto facilón, recordemos que en aquella época era impensable que dios no existiese).

Comienza una cadena de argumentos; dado que la idea de ser infinito no procede de la realidad ni es un constructo de la misma, necesita una causa. La causa de una idea tiene que tener tanta perfección como la representada por la idea, luego la idea de ser infinito estará causada por un ser infinito, que en consecuencia existe. (Esta prueba tiene como base la naturaleza que el propio Descartes atribuye a las ideas).

La idea de dios en nosotros la concibe como la marca que un artesano imprime a su obra, esto significa que la investigación por a que el hombre llega a la certeza de sí mismo, es idéntica a la investigación por la cual llega a la existencia de dios. Una vez que tiene la prueba de la existencia de dios, demuestra la existencia del mundo, pues si dios es infinitamente bueno y veraz, no puede permitirse engañarnos acerca de la existencia del mundo. Dios será la garantía de que a mis ideas corresponde una realidad fuera de mi mente.

“Vualá”, aquí tenéis la cadena de argumentos con la que todo queda resuelto…ja! Ahí la dejo para que todos podamos pensar sobre ella.

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Eldemente
    Ene 06, 2011 @ 17:22:14

    Bien, me encanta que el articulito sea un poco largo. Como podías esperarte tengo cosas que añadir, la primera una anécdota, que parece inignificante, pero que yo considero muy significativa. Descartes no nació literalmente en la Haye, sino en una aldea que pertenecía a esta zona, y que tenía un nombre, pero que a día de hoy se llama Descartes, en honor al filósofo.
    A mí me parece muy representativo de como el folkgeist francés defiende lo que le es propio, de forma casi chovinista, mientras que en España no somos ni capaces de diferenciar filosofía española de filosofía de España.

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  2. Eldemente
    Ene 06, 2011 @ 17:25:20

    Antes de que digas que soy una fuente poco fiable, refiero a mi fuente que es una serie documental (interesante donde las haya) que en su versión traducida se llama Historia de las Matemáticas.

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    • cafeypastasconschopenhauer
      Ene 06, 2011 @ 17:44:42

      Vale, yo también añado una anecdota. La madre de Descartes murió un mes después de dar a luz a este. Su padre quería suavizar este trago a su hijo así que contrató un aya y prorrogó en lo posible el comienzo de sus estudios (hasta los 8 años). A lo 10 años René ingresó en un colegio jesuita donde el rector se encariñó de él tanto que le permitía levantarse a la hora que quisiera. Parece ser que comenzó a levantarse a mediodía y que esta costumbre le duró toda la vida.

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