EL JOVEN KIERKEGAARD

“Prefiero cuidar cerdos en el puente de Amaguer y ser entendido por estos que ser poeta e incomprendido por los hombres”

¿Quién de nosotros piensa en su propia infancia? Seguramente casi todos, es un pensamiento recurrente. ¿Quién piensa en la infancia de los otros?. Yo pienso hoy en la infancia de Kierkegaard, el niño precoz. Dicen que era un niño frágil y que vestía de modo peculiar, tanto, que se burlaron de él en su primer día de escuela. (Tampoco sera esto algo que no le haya pasado a ninguno…jajaja)

Se cuenta que su agudo ingenio fue su leal compañero en esta batalla. Amaba la gramática, decía que era la forma de las cosas, el alma de la vida. Hablaba a sus pensamientos, de los que creía que eran entidades independientes entre sí, les pedía que se relacionaran, que se asociaran. Cargó el lenguaje con el peso de la existencia. Lo amaba pero también se percató de que era peligroso, que solo representaba una abstracción.

En este gozne nació su filosofía, entre el amor y la angustia…

La vida podría ser un juego entre el ser y la apariencia, entre lo envuelto y el envoltorio pero si nos dejamos embaucar por este juego espero que no suframos como sufría Kierkegaard. Cuidado con la melancolía, es adictiva. Los niños lo han entendido perfectamente, los juegos son para divertirse…jaja ;D

“Si preguntásemos con mayor precisión cuál es el objeto de la angustia, como siempre tendríamos que responder: la nada. La angustia y la nada se corresponden totalmente entre sí”

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